“Las empresas están para producir, pero tienen que abrir un espacio social”.

La Escuela de Artes Gráficas de San Miguel fue fundada en 1940, y desde sus inicios estuvo ligada al sector productivo, entendiendo la importancia de esta cercanía para asegurar técnicos de buena calidad. Es así como en 1992 comienzan su Formación Dual, hasta entonces inédita en Chile, con 15 empresas del área gráfica, y han continuado con esta estrategia como parte central de su oferta educativa. Su director, José Luis Rodríguez comenzó trabajando ahí en 1973, y ha visto de cerca cómo en 30 años ha evolucionado el Dual.


¿Cómo se vivió el proceso de convertirse en una escuela con formación Dual?

El colegio comenzó con la modalidad dual en 1992, con un curso de 30 alumnos en el área de impresión, casi como un experimento, junto con el Liceo Chileno Alemán. Desde su inicio tuvo muy buena acogida por parte de las empresas que entendieron la importancia de formar profesionales con mejores competencias. Con el tiempo se sumaron más cursos, dado el positivo impacto, hasta llegar hoy a 12 cursos de 3° y 4° medio. La gente de la Soc. Alemana para la Cooperacion Tecnica (GTZ) siempre fue clara en que esta estrategia es un complemento a la formación técnica que entregan los colegios, y que así hay que explicarlo a las empresas, lo que resultaba en que éstas brindasen su respaldo. En su comienzo hubo cierto temor por parte de algunos trabajadores por perder sus puestos de trabajo ante la llegada de jóvenes con ganas de aprender. Un joven en la lógica estudiantil opera en otro nivel, y esto es algo que se dialoga con la empresa, hoy este temor es mucho menor. Son dificultades, pero que hemos aprendido a sortear.

 En su comienzo hubo cierto temor por parte de algunos trabajadores por perder sus puestos de trabajo ante la llegada de jóvenes con ganas de aprender. 

 

¿Cómo se vio el impacto en los jóvenes y la comunidad al interior del liceo?

Estuve en algunas de las reuniones de la GTZ, ellos contaban con toda la experiencia de la Formación Dual en Alemania, y recuerdo que siempre enfatizaron la naturaleza complementaria de la formación en la empresa, es un escenario laboral en el que el joven se inserta tempranamente y adquiere una serie de competencias blandas que son imposibles de condensar así en el colegio, con un cambio hacia la productividad. En algún momento los profesores se mantenían expectantes, algunos temiendo que los jóvenes se convirtieran en mano de obra barata, pero hoy estos temores se han disipado. La clave es dialogar de cerca con la empresa.

 

¿Cuáles son las claves para un trabajo conjunto con empresas?

Hoy una de las mayores dificultades es no saber cómo abordar la empresa y qué ofrecerles como oferta de valor. Yo creo que el ministerio del trabajo debiera hacerse cargo de esto, tal como lo hacen en países en Europa, donde las empresas reciben un aporte del estado por este tipo de iniciativa. Lo que hacemos nosotros para sortear estas dificultades es ir a la empresa con una carpeta que contiene todo el organigrama del sistema y conversar con el dueño, le explicamos las ventajas, y es así como muchas empresas nos abren sus puertas. A la fecha hemos trabajado con más de 400 empresas, entendiendo la fluctuación que tiene el rubro del área gráfica, y la adaptabilidad que hay que tener. Para motivar al empresariado tiene que haber una mirada de consciencia social que contemple ese impacto así como en términos de productividad y elevar el nivel general de los técnicos.
Claro que las empresas están ahí para producir, esa es su contribución al país, pero también hay que abrir un espacio a lo social y recibir a jóvenes para que tengan la posibilidad de tener a corto plazo algo de qué sustentarse y en qué trabajar. Los sectores vulnerables necesitan de colegios como el nuestro.